EXCURSIÓN FOTOGRÁFICA DE UCAMERA A CHAUEN (MARRUECO)

 EXCURSIÓN REALIZADA LOS DÍAS 15, 16 y 17 de NOVIEMBRE de 2019

 A CHAUEN (Marruecos)

Organizada por la Agencia de Viajes Aznaltour de Aznalcázar (Sevilla)

PRIMER DÍA:

Los dieciséis excursionistas “ucamerianos” quedamos a las 5 de la madrugada del viernes 15, “cuando aún los empleados municipales ni siquiera habían puesto las calles”, salimos puntualmente hacia Tarifa, punto de embarque en el ferry con destino a Tánger. Llegamos a Tánger sobre las 9, tomando un minibús hacia Chauen (la bonita ciudad azul). El paisaje que se divisa en el recorrido es muy similar al de la zona mediterránea andaluza. Vimos a ambos márgenes de la carretera a niños y niñas vendiendo recipientes con frutos rojos, posiblemente madroños, También puestos de cerámica, un mercado de corderos y numerosas mezquitas, con sus minaretes verdes, situadas en las proximidades de zonas escasamente habitadas.

Llegamos a Chauen sobre las 12 h. La guía, de nombre Amina, por cierto muy simpática, nos acompañó hasta el hotel Parador, que se encuentra cerca de la plaza Outa el Hamman (plaza de los baños).

 

Tras una primera vuelta por la plaza y por las bonitas calles cercanas, entramos a almorzar en el Restaurante “Marisco Twinn”. Lo de entrar en el restaurante es un decir, ya que nos prepararon unas mesas en el exterior, cubiertas únicamente con un viejo toldo al que tuvieron que añadir un plástico para resguardarnos de la lluvia que empezó a caer cuando, “Gracias a Alá”, ya íbamos por los postres. En el restaurante muchos gatos y como pudimos comprobar posteriormente, en todas las calles de Chauen. Supongo que los ratones estarán aterrorizados en esa ciudad.

A las 15,30 nos esperaba Amina, “la guía”, en el  hall del hotel y salimos para hacer la visita guiada. Recorrimos a pie las principales callejuelas de la Medina, los lavaderos y la plaza de Outa El Hamman.

Terminamos tomándonos un reconfortante té con hierbabuena en una sala del Restaurante Aladin.

SEGUNDO DÍA:

La mayoría nos despertamos al amanecer para salir a hacer fotos, la mayoría de las calles estaban desiertas a esas horas.

El día prometía ya que estaba despejado. A la 13,30 nos encontramos la mayoría, ya que Jesús seguía desaparecido, en el Restaurante Aladin para el almuerzo. Después del un grupo visitamos la Alcazaba. Interesante por su historia pero con poco contenido. A la salida, en la Plaza de Outa El Hamman había actuaciones. Vimos una de un trío musical interpretando canciones  marroquíes. El resto siguió haciendo más fotos.

Sobre las 20,30 quedamos para cenar. Fuimos al café Alkasaba donde improvisamos una cena ligera ya que la mayoría no tenía demasiado apetito. ¡El día había sido duro!

TERCER DÍA:

El minibús venía a recogernos a las 9 con la finalidad de llegar pronto a Tánger. Acordamos con la agencia hacer una visita panorámica, recorrer la Medina y almorzar.

El nuevo guía “Abdul” nos explicó datos de la ciudad en la visita panorámica y luego hicimos un recorrido a pie por la Medina, con calles estrechas y sinuosas como las de Chauen pero eso sí, más descuidadas y sucias. Pasamos por el Mercado Central de Tánger e hicimos un recorrido por su interior. Gran variedad de productos y muy interesante por su colorido, sonidos y olores. También nos llevó, a petición de los más golosos, a la pastelería Shawarma (Av.ol´Halia, 28) para que comprásemos los típicos dulces árabes. Desplazandonos al restaurante recomendado por Abdul llamado “La Lubina Blanca”. Nos pusieron unos entrantes, un plato principal con abundante pescado frito y gambas a la plancha.

La travesía del estrecho bien, algo de lluvia y frío. En Tarifa viento frío y llovizna. Llegamos a Jerez sobre las 21,30 horas.

Una excursión sin ningún contratiempo. Volvimos contentos de la experiencia vivida en este bonito pueblo. Los chauníes son descendientes de los moriscos y judíos expulsados de España en tiempos pasados y por lo tanto tienen algunas raíces comunes con nosotros. Son gente amable y acagedora.

Creo que en este tipo de actividades se convive más y mejor, se intercambian vivencias personales, se empatiza con los demás, en definitiva: nos conocemos mejor y se crea un clima positivo entre los asociados/as.

Y ya para finalizar una reflexión personal sobre la actividad fotográfica. Opino que cuando vayamos a algún lugar a hacer fotos debemos ser muy respetuosos con las personas que lo habitan, con sus creencias, sus costumbres, etc. Si nos indican que no desean que se les fotografíe, debemos respetar su privacidad. Aquí también vale: “el No es No”.

¡HASTA LA PRÓXIMA!

Daniel Gutiérrez Andrades

 

 

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